Los ayuntamientos van a ser lo protagonistas de esta secuencia democratizadora, y se van a ver obligados a dar voz a los ciudadanos a lo largo de toda la legislatura.
Un nuevo modelo de vertebración se abre paso.
Las asociaciones son cada vez más sectoriales y menos generalistas. Sus reivindicaciones son más específicas, más profesionales. Esta realidad permite integrarlas en el proceso gubernativo y ofrecerles un espacio abierto a sus aportaciones. Recoger sus necesidades y convertirlas en parte del programa de gobierno es el objetivo de las diferentes acciones de participación ciudadana.
Un campo por descubrir.
La participación ciudadana aún da miedo a uchos gestores municipales. La falta de profesionalización de los ayuntamientos, la opacidad de los modelos de gestión y la obsolescencia de los sistemas de documentanción y transmisión de la información son parte del problema, y nunca una solución.
La creación de reglamentos de participación y la apertura organizada de sistemas de integración de asociaciones y sectores sociales y económicos son el primer paso para una estructura que comienza a vislumbrarse como la única posible.
En todo este largo y complicado proceso, la comunicación será la herramienta estratégica que posibilitará aproximar las diferentes posturas y encontrar un acuerdo común sobre el que ir construyendo la realidad. Gracias a este modelo, los alcaldes y concejales podrán finalmente abandonar las labores de gestión y encontrarse definitivamente con sus ciudadanos y electores, entender sus neesidades y convertirlas en objetivos operativos sobre los que trazar la política y el verdadero gobierno.